Machala en la Gran Colombia y su Cantonización

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Pasada la independencia, Machala crece: para 1826 el vecindario ya contaba con alumbrado público. José Mateo Santistevan era el encargado de abastecer el aceite de las lumbreras en postes; también realizó un plano con las manzanas que contaban con aquel servicio.

Por. Nécker Franco Maldonado y Gabriel Fandiño

Actualmente Machala es el polo político y económico más importante de la zona sureste del Ecuador. Consta de 245.972 habitantes. (el 40% del total de la provincia a la cual pertenece, El Oro). Su puerto marítimo (Puerto Bolívar) está considerado el segundo en importancia del país, lo que conlleva una intensa actividad financiera, comercial y exportadora. Es comúnmente llamada Capital Mundial del Banano, y tal nombre se justifica por los grandes volúmenes de esa fruta que desde allí se envía al resto del mundo. A la fuente de riqueza que siempre ha generado su agricultura hay que agregarle otras de diferente orden: la acuicultura (sobre todo en lo concerniente a la cría del camarón) y la minería.

La ciudad en la que se asentó el italiano Cayetano Cestari Barbieri, héroe del Pichincha, a finales de 1822 era muy distinta de la actual. Era propiamente una villa. En 1828 un habitante la calificaba de «vecindario humilde, pacífico y liberal». El pequeño poblado tenía una dimensión que aproximadamente abarcaba lo que hoy se conoce como el casco comercial de la ciudad, en cuyo centro figuraba la iglesia. El entorno circundante estaba ocupado por bosques exuberantes («los sombríos bosques de Machala» los llamaba el viejo historiador ecuatoriano Pedro Fermín Cevallos).

A inicios de 1822, Machala fue escogida como gran centro de apoyo logístico para la campaña que Antonio José de Sucre emprendió con el fin de liberar Quito. Si bien la división inició la expedición patriótica en Samborondón y Guayaquil, fue Machala el sitio donde se reunieron los pertrechos del ejército previo su subida a Loja y Cuenca.

El capitán Francisco Requena, subordinado del coronel Illingworth, y el jefe del estado mayor de Sucre, el coronel Antonio Morales, se adelantaron a Machala a inicios de enero de 1822 para tener listo el avituallamiento de las tropas que debían pasar por allí. Se recolectó arroz para los soldados en Balao y Pasaje. A finales de enero estaban reunidas en Machala las reses, y las mulas para el transporte de pertrechos y municiones.

Los indígenas de la villa fueron adelantados a la zona alta para preparar los caminos que debían seguir las tropas de Sucre, y el cura de Santa Rosa gestionaba los mensajeros que regularmente subían y bajaban de la Sierra trayendo informes sobre el estado de las tropas enemigas en Cuenca.

En la correspondencia de los emisarios de Sucre, Requena y Morales, incluso en la del general José de la Mar, ha quedado reflejada la ayuda material de Machala. Requena dejó consignada la generosidad del machaleño Juan Berrezueta, quien aportó gran cantidad de vituallas y dinero para la división pese a lo limitado de su fortuna; Morales y La Mar sobre la apertura de las principales casas de la villa para recibir y cuidar a los soldados enfermos que dejó la marcha desde Guayaquil.

Un diario de Guayaquil nombró a varios machaleños que aportaron patrioticamente a la expedición, como Gaspar Ruiz (cuatro quintales de arroz), José Romero Noblecilla (diez y seis reses) y Jacinto Ponce. También se resaltó el «infatigable trabajo» de los alcaldes de Machala, Mariano Franco, y el de Santa Rosa, los cuales «han podido facilitar recursos que no se esperaban en pueblos tan escasos».

Pasada la independencia, Machala crece: para 1826 el vecindario ya contaba con alumbrado público. José Mateo Santistevan era el encargado de abastecer el aceite de las lumbreras en postes; también realizó un plano con las manzanas que contaban con aquel servicio.

José María Palas, empleado municipal del poblado, en 1828 señalaba algunas de sus características en los siguientes términos: «Machala consta al presente de un vecindario bastante numeroso, compuesto de personas de bastante ilustración, de honrados y pacíficos procedimientos y de medianía en sus intereses. Esta parroquia, contraída en el día a día a la agricultura, cosecha, fuera de otros granos, treinta mil cargas de cacao anuales, que reportan al estado alguna parte de sus entradas, objeto bastante digno para que se fije sobre ella las atentas miras de la superioridad».

La superioridad ya había fijado en ella sus miras, y por el hecho de pertenecer a la república grancolombiana, es que desde el Congreso en Bogotá se decretó que Machala se anexe a Guayaquil en categoría de cantón el 25 de junio de 1824.

Apenas tres años después de su cantonización, a finales de diciembre de 1827 llegó a Machala la noticia de que el cantón había sido reducido a la categoría de parroquia. La razón con la que el Gobierno colombiano justificaba aquella reducción (degradación era el término usado por los vecinos) eran «las dificultades que se ofrecen en hacer cumplir a las parroquias dependientes de esta cabecera las órdenes que se reciben sobre el servicio del Estado».

El motivo que se aducía no era suficiente para los machaleños, que veían como «indecoroso y perjudicial a Machala la reducción a parroquia», por lo que sus principales se reunieron en los primeros días de 1828 y firmaron una serie de peticiones de revocación a la medida del gobierno central.

Tal nuevo estado de cosas privaría al poblado de, por ejemplo, la elección de sus propios jueces municipales, por lo que los litigios tendrían que llevarse a Guayaquil: «Si consideramos a esta parroquia dependiente en los negocios judiciales del cantón de Guayaquil, ¿cuántos perjuicios encontraremos que se le van a irrogar? ¿Un pueblo negociante por sus frutos, distante de la capital cuarenta leguas por mar y río, tendrá que concurrir a los municipales del primer cantón para sus demandas de mayor cuantía, atrayéndose pensiones gravosas por el viaje y dilaciones?».

Para que a Machala le sea restituido su estatus de cantón los vecinos ponderaron, entre otras cosas, la positiva actitud tributaria de la villa: «una de las parroquias que ha contribuido con más prontitud a los empréstitos desde el año veintidós» y también «lo obediente y voluntaria que ha sido en sufragar a las pensiones impuestas, ordinarias y extraordinarias…». Los machaleños incluso pusieron sobre la balanza la presencia del coronel italiano Cayetano Cestari en el poblado, resaltando que hasta 1828 llevaban «pagando además, por cuenta de la República, más de nueve mil pesos de su haber nacional al señor coronel Cayetano Cestari» (valores correspondientes a la pensión de retiro que le fuera asignada desde el año 1823).

Por lo tanto, entre los años 1824 y 1853, la ciudad atraviesa las condiciones de: parroquia – cantón – villa – cantón – parroquia – cantón, en seis ocasiones, por lo menos, en una república que iba tomando forma, pero con el malestar de los pobladores de Machala, el mismo que lo manifestaron en varias ocasiones, conforme lo registra la historia.

Entre idas y venidas, esta situación quedará finalmente resuelta en 1884, con la creación de la provincia de El Oro.

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