Papa Francisco en el Ángelus: Dar el primer paso es la clave para cambiar el mundo

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En el XXX Domingo del Tempo Ordinario, el Papa Francisco recuerda que el amor a Dios y al prójimo “son inseparables el uno del otro” y que no se puede amar seriamente a los demás si no se tiene esta raíz, que es “el amor de Dios”.

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente [… y] a tu prójimo como a ti mismo». El Papa Francisco reflexiona hoy domingo sobre el mayor de los mandamientos que nos recuerda dos cosas. La primera que “el amor al Señor viene antes que nada” y esto quiere decirnos que “Dios siempre nos precede, nos anticipa con su infinita ternura, con su cercanía y con su misericordia, porque siempre está cerca, es tierno y misericordioso” ha dicho el Papa Francisco y aclara que “no se puede amar seriamente a los demás si no se tiene esta raíz, que es el amor de Dios”.
“Un niño aprende a amar en el regazo de la mamá y del papá, y nosotros lo hacemos en los brazos de Dios, dice Salmo: «como un niño tranquilo en el regazo de su madre» así nosotros tenemos que sentirnos entre los brazos de Dios. Y Allí, en el afecto del Señor, encontramos el amor que nos empuja a donarnos con generosidad a los hermanos.”

El segundo aspecto que se desprende del mandamiento del amor es que vincula el amor a Dios al amor al prójimo: “Significa que, amando a los hermanos, nosotros reflejamos, como espejos, el amor del Padre” dice el Papa. Es este el centro de la cuestión – puntualiza – “Reflejar el amor de Dios, amarle a Él, a quien no vemos, a través del hermano, a quien vemos”.

El amor es una gota que puede cambiar tantas cosas

Al final de su alocución, Francisco ha recordado cuando una periodista preguntó a santa Teresa de Calcuta si creía que estaba cambiando el mundo con lo que hacía, y ella le respondió: «¡Yo nunca pensé en cambiar el mundo! Solamente intenté ser una gota de agua limpia en la que pudiera brillar el amor de Dios».

“Así fue como ella, tan pequeña, pudo hacer tanto bien: reflejando, al igual que una gota, el amor de Dios. Y si, a veces, mirándola a ella y a otros santos, llegamos a pensar que son héroes inimitables, pensemos en esa pequeña gota, el amor es una gota que puede cambiar tantas cosas.”

Tras este ejemplo de la Santa de los pobres, el Papa da la clave para ser esa gota de agua limpia también nosotros: “¿Cómo se hace esto? Dando el primer paso, siempre. A veces no es fácil dar el primer paso, olvidarse de las cosas, pero dar el primer paso: hagámoslo. Esta es la gota: dar el primer paso”.

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