Teología de la Calle: La situación caótica

0
1562

 

Por: Vicente Aníbal Romero Peña

Estamos desconcertados, angustiados, con incertidumbre total, porque lo que no logró el coronavirus, lo logró la delincuencia política organizada y la delincuencia común organizada. El caos perfecto, la desesperación programada y la ansiedad flotante con el contubernio de los políticos de turno.

La Delincuencia en todos los estamentos de una sociedad, se camufla por el deseo de dinero y de poder.

Esto, lo hemos estudiado desde los orígenes de las civilizaciones. Mafias, logias, castas siempre han existido, existen y existirán. Cuáles son las causas, son muchas. La mala distribución de la riquezas del Estado.

El deseo desenfrenado de enriquecerse, de explotar, de no trabajar, etc.

Como personas de fe, sabemos que todo pasará, y que lo que nos deja la práctica de estas realidades, es aprender desde el principio, que si no tenemos valores espirituales bien fundamentados, colapsamos, «porque los dioses del poder y del dinero se oponen a que haya transfiguración».

El mundo se mueve por mafias de toda índole. Vivimos una sociedad del cansancio, una sociedad híbrida, donde todo es permitido. Vivimos dictaduras de toda índole, idolatrías de todas las especies.

Apuntemos a seguir construyendo a la persona, que valore su esencia, su dignidad y continuar edificando el sueño, de que el ser humano, vale por lo que es, y no por lo que tiene.

Tres principios existenciales:

1. He nacido para vivir en armonía con los demás y la naturaleza.
2. Disfrutar de lo poco o mucho que la vida me da.
3. Continuar dejando un legado positivo para las nuevas generaciones.

Estos sucesos que vive el Ecuador y el mundo son consecuencia de un sistema de exclusión, depredador, que ha hecho de las idolatrías el germen del «sueño americano».

Escribe aquí tu comentario

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí