Teología de la calle: Recomenzar la vida desde Cristo

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Vivir la experiencia de Jesucristo en nuestra vida, implica tener una lucidez crítica frente a mi realidad existencial, para darme cuenta que es lo que turba y me preocupa. Tener este mapa de mis realidades nos lanza a ser realistas y valientes, para no tener miedo de entrar en la verdad que nos pasa.

Por: Padre Vicente Aníbal Romero Peña

Este fue el tema general con que iniciamos nuestro retiro espiritual anual, los sacerdotes y nuesto obispo Monseñor Vicente Saeteros, que acompañamos las diferentes zonas pastorales de nuestra Diócesis de Machala.

La persona que nos ayudó a meditar durante la semana -30 de enero al 3 de febrero-, fue el Obispo auxiliar de Quito, Monseñor David de la Torre.

Vivir la experiencia de Jesucristo en nuestra vida, implica tener una lucidez crítica frente a mi realidad existencial, para darme cuenta que es lo que turba y me preocupa. Tener este mapa de mis realidades nos lanza a ser realistas y valientes, para no tener miedo de entrar en la verdad que nos pasa.

Discernir la voluntad de Dios, implica siempre una posición dialéctica de nuestra vida, una posición crítica de la realidad en que nos movemos y existimos. Nuestra vocación de personas de fe, no es aislada de nuestro contexto cultural, es esencial conocer el ethos de la verdad y el horizonte donde nos encontramos. Ya nos recuerda Jesús de Nazaret, en Marcos 4,26-29. Es la semilla de la vida.

Nos recordó Monseñor de la Torre, que el reconstruirnos es un imperativo existencial, es una conversión personal que nos desafía para someterlo todo al servicio de la Instauración del Reino de la verdad, de vida. (Documento de Aparecida No. 336).

Este recomenzar es una actitud permanente porque es colocarnos en lugar del otro. (Lucas 10,30-37). El Buen Samaritano, es el paradigma de la metamorfosis del ser humano que a descubierto el valor de la fraternidad universal.

Ante un problema nos levantamos como un KAIROS, es decir con un eterno presente. Somos Cristocéntricos, Jesucristo es nuestra vida, él es la irrupción, el revolcón. Nos da un nuevo Espíritu Romanos 7,6; que nos restaura permanentemente.

Vivir la eclosión del Espíritu, implica tener la experiencia existencial de Pentecostés, que nos renueva y renueva todas las estructuras sociales y eclesiales. Este remezón es permanente, porque el Espíritu Santo actúa libremente y donde quiera.

Vivir la interculturalidad y la sinodalidad en nuestra realidad personal y comunitaria es descubrir la alegría permanente del Resucitado. «La alegría exultante de la existencia de la vida, la alegría del amor honesto y santificado, la alegría tranquilizadora de la naturaleza». Es el emblema peripatético del vivir sinodalmente.

Terminamos este recomenzar desde Cristo, junto a María, mujer del amor confiado y concreto. Ella la porta estandarte del sacerdocio, ella la virgen-sacerdote, nos da la alegría expresar como dice Pablo VI, «Dios la llenó del sacerdocio mediante los poderes del orden sagrado. Audiencia general, 7 de octubre de 1964. (Raniero Cantalameza, OFM. Cap).

Como síntesis de este bello retiro espiritual, diría que en los últimos años» nuestra Diócesis de Machala ha ido fortaleciéndose en su actuación pastoral que sólo se puede describir y comprender como una vuelta al mundo de los pobres y a su mundo real y concreto».

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