Volando bajo: En defensa del burro

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Hector Romero Crespo, Periodista

Por: Héctor Romero Crespo

Llegó el momento, ya no aguanto más de escuchar y leer expresiones y comparaciones que atentan contra la dignidad del burro. Como este animalito no puede defenderse ni contestar, yo tomo, con estas líneas, su partido. A ver si le hago justicia. Algunos dirán tarea vana. ¿Para qué gastar tiempo y energías en asnos que no tienen dignidad, en simples animales de carga y de orejas largas? ¿Por qué hablar de la dignidad de un jumento si ésta es “Cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden”.

En estos tiempos de desgobierno, muchos se han esmerado en comparar al Licenciado Presidente, a sus asesores y asambleístas discapacitados y de faltriquera con la familia de los rucios. Esto es injusto y ya tiene que parar. Al pollino lo han degradado e humillado. Es decir, lo han comparado con traidores, mentirosos, ociosos, tontos e inútiles y hasta con rateros.

Dicen los decires:

¿Será traidor y mentiroso el burro? Pues bien, revisemos algunas estampitas bíblicas:

En el pesebre siempre hemos visto al burro color plata, junto a la cuna de paja, dando abrigo al Niño Jesús y, bien sabemos, que “A lomo de burro, se salvó Jesús de la espalda de Herodes. A lomo de burro anduvo la vida. A lomo de burro predicó. A lomo de burro entró en Jerusalén”. Con Jesús siempre estuvo el burro en sus alegrías y agonías.

Y pasajes novelescos de caballeros de escudo y lanza: El borrico fue siempre fiel compañero de viaje del gran amigo y consejero de Don Quijote de La Mancha: Sancho Panza.

Y de trabajos literarios de nombradía mundial: Juan Ramón Jiménez, obtuvo el Premio Nobel de Literatura, en 1956, con su libro Platero y yo. Con su obra en prosa humanizó al asno: “de ti, tan intelectual, amigo del viejo y del niño, del arroyo y de la mariposa, del sol y del perro, de la flor y de la luna, paciente y reflexivo, melancólico y amable, Marco Aurelio de los prados”. Después de la muerte de Platero, el autor le dedicó su libro cumbre a su amigo eterno, diciendo: “Dulce Platero trotón, burrillo mío, que llevaste mi alma tantas veces -¡Sólo mi alma!- por aquellos hondos caminos de nopales, de malvas y de madreselvas: a ti, este libro que habla de ti, ahora que puedes entenderlo”.

¿Será tan inepto e inútil y ocioso el burro? Revisemos la historia:

En 1495, Cristóbal Colón en unas de sus expediciones reintrodujo en las tierras conquistadas cuatro machos y dos hembras de esta especie y las usaron en tareas relacionadas con la agricultura, el transporte y hasta en la minería. Exhausto quedaba el burro después de extenuantes jornadas.

¿Será tan tonto el burro? Investigaciones revelan: Está comprobado que «el burro tiene una memoria maravillosa; ellos pueden recordar a otros burros y lugares durante 25 años».
Yo me imagino que a los burros no solamente se les paran algunas veces las orejas cuando advierten el peligro y la cercanía de depredadores, sino también cuando el Licenciado Presidente y sus asesores dicen tonterías.

¿Será corrupto el burro? Los burros son fuertes y son los mayores defensores del rebaño, ya que impiden que el mañoso lobo meta sus garras sucias y atrapen a los animales que acompañan. «Platero, dice Juan Ramón Jiménez, Come cuando le doy. Le gustan las naranjas, mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel”. Como ven, hay grandes ejemplos que el burro no roba ni deja robar.

Ni traidor ni mentiroso, ni inepto ni ocioso, ni tonto ni corrupto. El burro es, digámoslo hoy, sin sonrojo, un animal noble, competente, trabajador, inteligente y virtuoso.

¿Será tan burro el burro? ¿Continuarán las comparaciones?

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