Por: P. Vicente Aníbal Romero Peña
Durante la marcha realizada en Machala el 7 de marzo, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, se hizo visible la presencia activa y profética de las mujeres, especialmente de las mujeres afrodescendientes, quienes desde su identidad cultural, histórica y espiritual reivindican su dignidad y su lugar en la sociedad. Desde una perspectiva socio-teológica, este acontecimiento se convierte en un signo de los tiempos, donde la voz de las mujeres se levanta frente a estructuras patriarcales que históricamente han limitado su participación plena en la vida social, política y eclesial. En este contexto, la Iglesia, entendida como Pueblo de Dios constituido por todos los bautizados, está llamada a caminar junto a ellas en un proceso de reconocimiento, justicia y transformación social.
Las mujeres, en todas las culturas y pueblos, representan una dimensión fundamental del tejido social, pues encarnan valores de cuidado, resiliencia, transmisión cultural y construcción comunitaria. En particular, la mujer afrodescendiente ha sido portadora de una memoria histórica marcada por la resistencia frente a la esclavitud, la discriminación y la exclusión estructural.
Desde la reflexión teológica contemporánea, especialmente desde la teología contextual y liberadora, se reconoce que la lucha de las mujeres por la vida, la equidad y la dignidad humana forma parte del proyecto liberador del Reino de Dios. Por ello, la Iglesia está llamada no sólo a acompañar, sino también a escuchar, aprender y caminar sinodalmente con las mujeres en sus procesos de reivindicación y emancipación.
La Teología de la Calle, como espacio hermenéutico que nace de la experiencia cotidiana de los pueblos, hace suyo el clamor de los excluidos de la historia y reconoce en sus luchas un lugar teológico privilegiado. En este horizonte, el principio filosófico africano Ubuntu “yo soy porque nosotros somos”, ofrece una clave antropológica y espiritual profundamente coherente con la visión cristiana de la comunidad.
Ubuntu nos invita a comprender la existencia humana desde la interdependencia, la solidaridad y la construcción de una sociedad fraterna. Así, la voz y la presencia de la mujer afro se convierten en un llamado profético a reconstruir comunidades más justas, inclusivas y profundamente humanas.





















