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Demasiados partidos; la fragmentación que desordena al Ecuador

Por: Dr. John Campuzano Vásquez

El Consejo Nacional Electoral nos informa que para las Elecciones Generales de 2025 quedaron habilitadas 78 organizaciones políticas: 17 de carácter nacional y 61 de ámbito provincial. Para un país de cerca de 18 millones de habitantes, esta cifra no luce como una señal automática de fortaleza democrática; más bien revela un sistema político excesivamente atomizado, muy accesible a aventureros, donde abundan los vehículos electorales vendibles al mejor postor, pero escasean las estructuras sólidas de representación.

Es claro que, más movimientos y partidos no significan necesariamente más democracia. La madurez democrática no se mide por la cantidad de logos en la papeleta, sino por la calidad de las ideas, la estabilidad de las organizaciones, la formación de cuadros, la transparencia interna y la capacidad de construir acuerdos duraderos. Cuando el menú político se multiplica sin filtros efectivos, el resultado no siempre es pluralismo; muchas veces es simple dispersión con las mismas caras usando camisetas diferentes.

En Ecuador, la proliferación de agrupaciones ha tendido a generar confusión programática. Muchas organizaciones nacen alrededor de coyunturas, liderazgos personales o cálculos electorales de corto plazo, no de visiones consistentes de desarrollo, las famosas agrupaciones creadas por un líder mesiánico. Eso distorsiona el debate público porque el ciudadano termina votando entre marcas improvisadas, alianzas frágiles y discursos que cambian según la conveniencia del momento. Con tantas siglas compitiendo en una papeleta, se vuelve más difícil identificar proyectos serios de país (a largo plazo) y es más fácil que triunfen el oportunismo y el que regala más víveres en barrios.

Tampoco hay que creer que la solución sea imponer un bipartidismo rígido o reducir artificialmente la diversidad como siempre dicen por ahí, queriendo emular a España, Estados Unidos o Inglaterra. Un país heterogéneo necesita representación plural. Pero pluralidad no es sinónimo de dispersión infinita. Lo razonable es contar con pocasagrupaciones realmente fuertes, con identidad ideológica, presencia territorial, militancia activa y peso electoral comprobable, junto con algunas opciones nuevas que de verdad aporten ideas y no sólo confundan el tablero. Eso ordena la competencia y mejora la gobernabilidad.

78 organizaciones políticas para Ecuador es un exceso. No fortalece la democracia; la fragmenta y la mercantiliza. Y un sistema político fragmentado no produce mejor representación, sino más dificultad para gobernar, más personalismo y menos claridad sobre hacia dónde debe avanzar el país. Ecuador no necesita más casilleros; necesita pocos y buenos partidos.

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