Por: Graciela Mora Ramírez
Así fue calificado por la ciudadanía ecuatoriana cuando la televisión privada invitó al pueblo a pronunciarse por ¿cuál era el mejor ecuatoriano de todos los tiempos? Presentaron varios nombres: García Moreno, Galo Plaza, Velasco Ibarra y otros, pero la mayoría absoluta se pronunció por Eloy Alfaro, ahora que con justa razón recordamos 114 años de su inmolación (28 de enero 1912 – Hoguera Bárbara) llevada a cabo por sectores derechistas del propio partido liberal, de la derecha clásica, de la iglesia, de la oligarquía y del imperio norteamericano. (Libro: Eloy Alfaro, Líder de Nuestra América, 2013).
¿Pero cuáles fueron las razones para tal odio?
• Su pensamiento patriótico y acciones a favor del pueblo.
• Sus palabras radicales como la separación entre el Estado y la Iglesia.
• Implantación del laicismo en la educación, ya que siempre era dirigido por la iglesia católica.
• Abolición de la pena de muerte, que servía para fusilar revolucionarios como fue el caso de Luis Vargas Torres en Cuenca.
• Abolición del tributo indígena y es que por nacer indio debía pagarse impuesto de por vida.
• Derechos civiles para mujeres y hombres.
• Su deseo de integración latinoamericana, su defensa por la independencia de Cuba, pues recordemos que, aunque le cerraron el apoyo desde el Congreso para enviar recursos financieros a los combatientes cubanos, remitió una suma de 2000 sucres de su sueldo como presidente.
• Su negativa de arrendar Galápagos por 99 años a los Estados Unidos que desde allí estratégicamente buscaban dominar el mundo, pero la acción política de Alfaro en consulta al pueblo rechazó la pretensión colonialista; la propuesta norteamericana fue tirada al tacho de la basura.
Pero como toda revolución tiene rostro de mujer, es más que justo y me honro en citar a las revolucionarias liberales: Filomena Chávez de Portoviejo, quien a los 10 años en su colegio gritó ¡Viva Alfaro! y fue expulsada del plantel, luego se enroló en el ejército revolucionario siendo designada por su inteligencia y sagacidad coronela; Rosa Villafuerte, Matilde Huerta Cedeño de Charapotó, quien fue la primera mujer en ocupar función pública como estafetera de correos en Quito; María Gamarra (la célebre ñata Gamarra) combatiente guayaquileña; las guarandeñas Joaquina Galarza, Felicia Solano, Dolores Vela, Leticia Montenegro, quienes incluso entregaron su fortuna para la revolución y recibían a Alfaro en su casa bajo el propósito de planificar próximos combates y con ese mismo ímpetu inculcaban a sus hijos la acción patriótica, de rebeldía y de lucha, tal como lo hiciera en Esmeraldas Delfina Torres junto a sus hijos Luis Vargas Torres y Carlos Concha.
Alfaro reconociendo las cualidades de la mujer ecuatoriana facilitó la educación pública para niñas y señoritas, ordenó que la mujer tenga espacio laboral en la función pública, dio paso a la creación de colegios normales para preparar maestras y maestros.
Pero cabe señalar, la injusticia, el machismo, la indiferencia, así como la falta de memoria histórica ha sido lapidaria con la mujer, ha borrado del mapa sus luchas, sus huellas. Ese castigo para las féminas que entregaron sus bienes y vidas por liberar de las cadenas de opresión a la Patria, es un atentado a la dignidad de un ser humano.
Finalmente cabe citar al escritor William Golding, quien en 1993 define a la mujer así: “las mujeres están locas si pretenden ser iguales a los hombres. Son superiores, cualquier cosa que le des a una mujer, ella lo hace mejor. Si le das esperma, te dará un hijo, si le das una casa, te dará un hogar, si le das alimento, te dará una comida, si le das una sonrisa, te dará su corazón. Engrandece y multiplica cualquier cosa que le des”…





















