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En estas escuelas de Gaza, construir la paz es parte de la lección

Por: David M. Halbfinger quien reportó desde Jerusalén y Bilal Shbair desde Jan Yunis, en la Franja de Gaza

Una red de escuelas privadas de rápido crecimiento, creadas por un neurocirujano de Carolina del Norte, ofrece educación a 9000 huérfanos de guerra y a otros jóvenes palestinos necesitados.

En medio de un abarrotado campamento para personas palestinas desplazadas en el sur de Gaza, sobresale una reja con un cartel discordantemente optimista de un dibujo de un auto de carreras de color rojo brillante. En el interior, un pasillo que conduce a un complejo de aulas bajo tiendas de campaña está adornado con dibujos infantiles que reflejan mejor la vida real.

Uno muestra una casa naranja y amarilla, hierba verde y olivos sobre las palabras escritas a mano: “Tenía una casa, pero hoy no tengo nada”.

Raseel al-Shaer, de 12 años, hace una pausa para decirle a un visitante lo bien que se siente al volver a aprender junto a otros niños en al-Mawasi. “Aquí es seguro”, dice. “No hay drones ni bombas. Lo mejor es sentarse en un pupitre y ver a la profesora y la pizarra, y volver a sostener un lápiz”.

De manera discreta, y a pesar de los considerables riesgos, ha surgido en la Franja de Gaza una red de escuelas privadas gratuitas para huérfanos de guerra y otros niños. Las escuelas, llamadas Academias de la Esperanza, son obra de un neurocirujano palestinoestadounidense, David Hasan, quien visitó Gaza por primera vez en misiones de ayuda médica poco después de que Israel invadiera Gaza tras el ataque dirigido por Hamás el 7 de octubre de 2023.

Aunque no ha vuelto a Gaza desde inicios de 2024, ha construido las instituciones por medio de alianzas con grupos humanitarios en el area, contratando personal palestino por WhatsApp y recaudando dinero —en gran parte de donantes judíos— en Estados Unidos e Israel.

Unos 9000 alumnos de primero a noveno grado (educación primaria y secundaria) asisten a clase en cinco campus del sur de Gaza. Recorren las escuelas en turnos de tres horas y reciben comidas calientes y atención médica y psicológica.

Dirigir escuelas en cualquier zona de guerra ya es bastante difícil, y las escuelas de todo el enclave están luchando por reconstruirse. Pero Hasan ha aumentado sus retos. Renovó un plan de estudio nacional muy criticado y trabajó para evitar que Hamás pusiera en peligro sus escuelas. También verifica que ninguno de sus empleados tenga vínculos con grupos militantes, una acusación que Israel ha dirigido contra la agencia de las Naciones Unidas que se ocupa de los palestinos de Gaza y contra algunos grupos de ayuda internacional.

Las escuelas imparten una versión modificada del plan de estudio de la Autoridad Palestina, que se enseña en Cisjordania y Gaza, ocupadas por Israel, pero sin ninguna lección que demonice a los judíos o glorifique a los autores de la violencia contra Israel. Hasan dijo que los cambios en el plan se hicieron sin el permiso de la autoridad, lo que provocó amenazas de represalias por parte de su ministerio de educación. Un portavoz del ministerio no respondió a los repetidos mensajes en busca de comentarios.

Israel, Estados Unidos y la Unión Europea se quejan desde hace tiempo de que los libros de texto de la autoridad inculcan el odio y el antisemitismo. La autoridad afirma que sus escuelas enseñan adecuadamente el nacionalismo, la historia y la cultura palestinos.

Los extractos de antes y después del plan de estudio ilustran los cambios:

Un problema de matemáticas en el que se comparaba el número de “mártires” asesinados en la primera y la segunda intifadas ha sido sustituido por otro sobre la asistencia a un partido de fútbol en Cisjordania.

Una selección de lectura de comprensión que elogiaba a Dalal Mughrabi —una mujer que dirigió una masacre en 1978 en la que murieron 38 israelíes, 13 de ellos niños— ha sido sustituida por otra sobre Hind al-Husseini, una pionera educadora palestina.

Y en una clase de estudios islámicos, una lectura sobre un intento de los judíos de matar al profeta Mahoma ha sido sustituida por otra sobre las expresiones de respeto del profeta hacia los judíos.

El equipo de Hasan también ha añadido nuevas lecciones semanales sobre “construcción de la paz” que enseñan ideales como la tolerancia y el respeto a las diferencias, la regla de oro y la resolución de conflictos.

En un video grabado recientemente por un empleado de la escuela durante una lección, un niño hace dibujos de las banderas palestina e israelí una al lado de la otra. “Deseo que no haya más guerras para que podamos vivir”, dice.

Hasan reconoció que su plan de construcción de la paz era políticamente tenso y que algunos de sus profesores temían las represalias de Hamás a medida que este restablece su control sobre gran parte de Gaza. Algunos profesores han dimitido o han sido despedidos por estas preocupaciones, dijo.

Dijo que incluso estudiaba la posibilidad de instalar cámaras en las aulas para asegurarse de que se respetan los cambios en el plan de estudio.

En las redes sociales, algunos gazatíes se han preguntado si la agenda de Hasan está excesivamente alineada con la de Israel. Otros, resentidos con Hamás, han dicho que es mejor enseñar tolerancia que enseñar a los niños a sacrificarse.

La incomodidad con el tema quedó clara en las entrevistas con los miembros del profesorado, la mayoría de los cuales no habían sido contratados de otras escuelas: o bien enseñaban por primera vez o eran directores jubilados. Hicieron hincapié en que utilizaban el plan de estudio palestino estándar, aunque cuando se les presionó, reconocieron algunas omisiones.

Alaa Sabbah, de 35 años, quien guiaba a un salón a través de los componentes básicos de una célula, dijo que no enseñaba solo ciencia.

“Enseñamos respeto, tolerancia y a aceptar a los demás”, dijo. “Les enseñamos a resurgir, como el ave fénix, y a volver a la vida desde debajo de los escombros. Les enseñamos a amar a la gente y a socializar”.

Cuando la primera escuela abrió sus puertas en julio, Hasan dijo que dio a los militares israelíes las coordenadas de la escuela, con la esperanza de protegerla. En agosto, el personal recibió el aviso de un ataque israelí y evacuó. Poco después, un ataque aéreo alcanzó a los militantes que estaban al lado. La escuela sufrió pocos daños pero pronto encontró un nuevo sitio, dijo Hasan.

Esa primera escuela tenía espacio para 200 alumnos, dijo. El primer día se presentaron 500. “Algunos llevaban días sin comer”, dijo.

“Los niños estaban tan entusiasmados, por primera vez prosperaban”, añadió. “Y no querían irse a casa. Tuvimos que echarlos por la noche”.

El verano pasado, mientras la desnutrición se apoderaba de la población bajo el bloqueo israelí, dijo Hasan, compró toneladas de harina en el mercado negro para los habitantes de Deir al-Balah. Tras ganarse la gratitud de los ancianos locales, dijo, los convenció para que le cedieran espacio para una escuela.

Desde entonces, dijo, los líderes de grandes familias de Gaza lo han ayudado a conseguir espacio para más escuelas. “La forma en que lo conseguimos es ganándonos la confianza”, dijo.

Una forma es garantizarle a esas familias –así como a los israelíes y a sus donantes– que su personal no tiene vínculos con grupos militantes. Hasan dijo que todos los empleados habían sido autorizados por las autoridades israelíes y cotejados con una lista de sanciones del gobierno estadounidense.

También deja claro que entre sus donantes hay israelíes. “Les dije a los ancianos: ‘Trabajo con los israelíes’”, contó. “Dijeron: ‘Mientras no quieran lavar el cerebro a nuestros hijos, estamos bien’”.

Hasan, de 53 años, investigador y profesor de la facultad de medicina de la Universidad de Duke, no tenía experiencia en ayuda humanitaria antes del atentado de 2023. Tampoco estaba especialmente vinculado a la vida palestina.

Nacido en Kuwait, hijo de palestinos de Cisjordania, abandonó Medio Oriente a los 18 años para ir a la universidad en Texas. A los 19, abandonó su nombre de pila, Emad, y se hizo llamar David.

Dijo que se sintió impulsado a tomar cartas en el asunto por la guerra. En diciembre de 2023, estuvo en Gaza en una misión médica, realizando 20 operaciones en 10 días, a menudo sin anestesia ni antisépticos. Grabó video de gusanos saliendo de heridas sin cicatrizar. Todos los pacientes a los que operó, dijo, acabaron muriendo de infección.

Volvió el siguiente abril con más suministros médicos, y obtuvo mejores resultados.

Pero no podía dejar de pensar en la cantidad de niños que quedaban huérfanos, como una niña de 10 años a la que vio hacerse cargo rápidamente de sus hermanos pequeños después de que sus padres hubieran sido asesinados.

“Los niños son las víctimas de esta guerra”, dijo Hasan desde su casa en Durham, Carolina del Norte. “No tuvieron ninguna decisión en ella”.

Dijo que no había vuelto a Gaza desde abril de 2024 porque había levantado sospechas. Cuando no estaba operando, dijo, hurgaba en los almacenes de los hospitales y hacía preguntas, intentando averiguar si había rehenes israelíes en las instalaciones. Huyó, dijo, cuando lo alertaron de que militantes armados lo buscaban.

También ha convencido a José Andrés, el célebre chef detrás de World Central Kitchen, para que proporcione comidas a los estudiantes, junto con pupitres, bancos y estanterías.

Andrés dijo que también había donado 500.000 dólares al proyecto de Hasan y que tenía previsto donar otros 500.000 dólares.

“A veces los grandes problemas tienen soluciones muy sencillas que puede resolver alguien con energía infinita y que no acepta un no por respuesta”, dijo en una entrevista. “Está bien soñar a lo grande porque Gaza necesita gente como David soñando a lo grande”.

La sexta escuela de Hasan está a punto de abrirse al este de la ciudad meridional de Jan Yunis con espacio para 10.000 niños, algunas clases universitarias e incluso un pequeño zoológico. Y quiere seguir abriendo escuelas, con el objetivo de atender hasta 250.000 jóvenes a finales de año.

Para Shireen Mohammed, de 34 años, las escuelas han sido un regalo del cielo para sus hijos.

“Esto es lo mejor que nos ha pasado”, dijo. “Antes de este lugar, teníamos miedo de dejar que nuestros hijos fueran a cualquier parte. Ahora es seguro y productivo para ellos: emocional, social y educativamente”.

Fuera de las aulas de al-Mawasi, Aisha Abu Marzouq, de 9 años, quien fue desplazada de Rafa, dijo que esperaba que su nueva escuela pudiera añadir un patio de recreo. Pero no se quejaba.

“No quiero irme de aquí”, dijo. “Mi primer día aquí fue el mejor comienzo para volver a vivir”.

David M. Halbfinger es el jefe del buró en Jerusalén y dirige la cobertura en Israel, Gaza y Cisjordania. También ocupó ese cargo de 2017 a 2021. Fue editor de política en el Times de 2021 a 2025.

ITD: https://www.nytimes.com/es/2026/02/20/espanol/escuelas-gaza-palestina.html

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