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Teología de la calle: Patriarcado estructural

Por: P. Vicente Aníbal Romero Peña

Desde una perspectiva antropológica crítica, el patriarcado puede comprenderse como un sistema histórico de dominación que hunde sus raíces en estructuras primarias de comportamiento. En su fase más arcaica, este modelo se configura a partir de patrones animales de jerarquía, donde el macho impone su hegemonía sobre la hembra. El homo sapiens, en su proceso evolutivo, replica y complejiza estos esquemas instintivos, institucionalizándolos progresivamente a lo largo de los siglos.

Con el advenimiento de la conciencia religiosa, esta lógica de supremacía masculina es sacralizada. Las cosmovisiones de distintas culturas tienden a representar la figura divina con rasgos masculinos, consolidando así una teología androcéntrica que legitima la subordinación de la mujer. Aunque algunos sistemas simbólicos incorporan deidades femeninas, la preeminencia del “dios varón” ha predominado en la mayoría de tradiciones, modelando imaginarios, ritos y estructuras de poder.

Esta hegemonía patriarcal ha configurado marcos antropológicos y sociales profundamente arraigados. La autoconciencia crítica del ser humano, su capacidad de revisión axiológica y reflexión ética y avanza con notable lentitud cuando se trata de cuestionar estos paradigmas. Por ello, los procesos de transformación cultural frente al machismo estructural suelen ser graduales y tensos: las sociedades despiertan lentamente de un prolongado letargo simbólico y moral.

Comprender estas dinámicas no es sencillo. Exige una mirada interdisciplinaria que articule antropología, teología, ética y estudios de género, así como una disposición interior a la conversión del propio horizonte axiológico. La superación del patriarcado no implica únicamente reformas externas, sino una reconfiguración profunda de la conciencia individual y colectiva.

En este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la memoria nos convoca a reconocer una historia marcada por sincretismos culturales, estructuras opresivas y un sufrimiento persistente que ha recaído sobre el cuerpo social femenino. Allí donde una mujer es vulnerada, la sociedad entera es herida; donde una mujer es silenciada, la dignidad humana se oscurece.

Esta fecha recuerda el martirio de las hermanas Mirabal Patria, Minerva y María Teresa conocidas como “Las Mariposas”, asesinadas por la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana. Su sacrificio se ha convertido en símbolo de resistencia ética frente a los sistemas patriarcales y autoritarios que buscan perpetuar la violencia y el silenciamiento.

Que su memoria inspire una teología encarnada, una ética de la justicia y un compromiso social que dignifique la vida de todas las mujeres. Una teología que salga a la calle, que escuche los clamores de quienes han sido históricamente oprimidas y que impulse procesos reales de liberación.

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