Por: P. Vicente Aníbal Romero Peña
Recuerdo cuando era adolescente, las personas que no tenían dinero acudían a la intersección del hermano Gregorio. El pueblo pobre lo hizo Santo.
El domingo 19 de octubre, la Iglesia universal se revestirá de gozo cuando el Papa León XIV inscriba en el canon de los santos al Beato José Gregorio Hernández Cisneros. Médico de los pobres, hombre de ciencia y de fe, que descubrió en su vocación de servir a los enfermos un verdadero apostolado de caridad cristiana.
Nacido en Venezuela el 26 de octubre de 1864 y llamado a la eternidad el 29 de junio de 1919, tras un accidente que segó su vida, José Gregorio permanece como signo luminoso, no sólo para médicos y profesionales de la salud, sino para todo creyente que busca encarnar la fe en el servicio al prójimo.
En medio de una sociedad fragmentada, marcada por el consumismo y la indiferencia, su testimonio sigue siendo profético: nos enseña que la alegría del Evangelio no es un discurso vacío, sino una praxis de amor, solidaridad y entrega. En la vorágine de un mundo que parece perder su centro, José Gregorio nos recuerda que Cristo es el camino, la verdad y la vida, y que sólo en Él encontramos el sentido último de nuestra existencia.
Nuestras luchas, depresiones, soledades y angustias no son definitivas. Ellas no tienen la última palabra. La última palabra la tiene Dios, que en Cristo Resucitado vence la muerte, la tristeza y el sinsentido. Frente al desencanto de una cultura que idolatra el poder y el dinero, el testimonio de este nuevo santo abre un horizonte de esperanza: otra sociedad es posible, porque la fe hace posible lo imposible.
La Iglesia, comunidad de bautizados, no nace solo del agua, sino también del Espíritu que renueva y transforma todo. Como proclama el libro del Apocalipsis: “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5).
Oración
San José Gregorio Hernández Cisneros, enséñanos a reconocer en el hermano tu presencia santa. Haz que no rechacemos a nadie, y que nuestra vocación sea siempre fuente de paz y sanación. Danos templanza para sobrellevar las pruebas de la vida y fe ardiente para transformar nuestro mundo. Amén.





















