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El impuesto invisible que deprecia el mercado inmobiliario en El Oro

Por: Álex Humberto Díaz Guamán

En la provincia de El Oro se está gestando un fenómeno que, silenciosamente, está redefiniendo el futuro económico y social del territorio: la violencia letal se ha convertido en el principal regulador del mercado inmobiliario, desplazando por completo a los factores tradicionales de oferta, demanda, crédito o plusvalía.

La proyección de 125.68 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2025 no es solo un dato estadístico alarmante. Es un mensaje claro de que la inseguridad dejó de ser un asunto policial para convertirse en un impuesto invisible que encarece la vida, distorsiona los precios, destruye el valor patrimonial de miles de familias y frena la inversión privada.

Seguridad: el nuevo oro inmobiliario

Mientras las zonas abiertas del cantón Machala y sus parroquias urbanas han comenzado a registrar depreciaciones que oscilan entre el 20% y el 40%, los proyectos residenciales cerrados —aquellos con seguridad perimetral, control de accesos y vigilancia continua— comienzan a valorizarse. La seguridad, antes un valor agregado, hoy se volvió un requisito básico para vivir.

Este giro ha creado una marcada polarización territorial:

• Zonas donde ya no existe plusvalía, sino minusvalía.

• Otras donde la demanda se mantiene porque ofrecen refugio ante el miedo cotidiano.

Un impacto directo en bancos y familias

La violencia no sólo afecta la decisión de compra: afecta la capacidad de endeudamiento. Hoy una familia promedio destina parte de su presupuesto a seguridad privada, alarmas, rejas, cámaras o urbanizaciones cerradas. Esto reduce su posibilidad real de acceder a un crédito hipotecario y cambia por completo el comportamiento del mercado.

Para el sistema financiero, la ecuación es aún más grave:

• La probabilidad de incumplimiento de créditos crece.

• El valor del colateral hipotecario cae en zonas inseguras.

• Las entidades deben recalcular el riesgo por ubicación, no solo por ingresos del cliente.

La violencia se comporta como un virus económico: se propaga, desnivela y obliga a rediseñar políticas de crédito, reservas y aforos.

El desarrollador inmobiliario: entre la presión y la reinvención

La banca se protege. Las familias se protegen.

¿Y el desarrollador?

Queda en el medio de un sistema que le exige nuevos estándares:

• Proyectos cerrados con seguridad integral.

• Infraestructura tecnológica antiintrusión.

• Urbanizaciones diseñadas bajo criterios de protección activa.

Hoy, construir vivienda no es solo diseñar un hogar: es diseñar un escudo.

La consecuencia no dicha: fuga de capitales y futuro incierto

Si la inseguridad sigue su curva actual, el escenario no es especulativo:

• El capital privado migrará hacia ciudades más estables.

• Los terrenos en zonas abiertas perderán liquidez total.

• Los bancos disminuirán su exposición hipotecaria en territorios de alto riesgo.

• Las familias empezarán a preferir alquilar antes que comprar en zonas inseguras.

Es una tormenta perfecta que puede llevar a un colapso silencioso del valor inmobiliario en amplios sectores del territorio orense.

Un llamado urgente: políticas públicas que entiendan la economía del miedo

La seguridad ya no es solo una agenda del Ministerio del Interior. Es una agenda productiva, bancaria, inmobiliaria y de inversión.

El Oro necesita:

• Mapas de riesgo georreferenciados integrados al sistema financiero.

• Incentivos para proyectos de vivienda segura.

• Programas de recuperación urbana con enfoque territorial.

• Coordinación real entre banca, municipio y desarrolladores.

Porque sin seguridad, no hay inversión; sin inversión, no hay empleo; y sin empleo, la violencia se multiplica.

La ecuación es clara: la inseguridad destruye valor; la seguridad lo crea.

Es hora de que el país entienda que la violencia también se mide en pérdidas de patrimonio, en créditos denegados, en proyectos detenidos y en familias que ven cómo sus casas valen menos cada mes.

La violencia no solo mata personas.

También está matando el futuro de muchas familias que no tendrán acceso a créditos bancarios hoy.

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