Por: P. Vicente Aníbal Romero Peña
Bad Bunny, artista puertorriqueño de reconocimiento internacional, se distingue por una propuesta musical que articula diversos géneros como la salsa, el reguetón, el trap y expresiones tradicionales caribeñas como la bomba.
Su producción artística no sólo responde a dinámicas comerciales, sino que constituye un fenómeno sociocultural que interpela especialmente a las juventudes latinoamericanas, al incorporar narrativas identitarias, símbolos nacionales y elementos propios de la cosmovisión latinoamericana.
Desde una lectura teológica contextual propia de la Teología de la Calle, su música puede interpretarse como una mediación cultural que expresa las búsquedas existenciales del ser humano contemporáneo. Sus letras abordan la cotidianidad, las relaciones humanas, las tensiones sociales y la dignidad de la persona, proponiendo implícitamente una ética del cuidado y del reconocimiento del otro.
En este horizonte, el mensaje recurrente de que el amor es más fuerte que la venganza puede comprenderse como una categoría teológica que dialoga con la praxis liberadora del Evangelio, donde el amor se convierte en principio transformador de la realidad social. .
En este sentido, la música actual puede constituirse en un espacio hermenéutico para la integración de los pueblos latinoamericanos y del mundo. Puerto Rico, desde su realidad histórica y cultural, puede ser interpretado simbólicamente como una “antorcha cultural” que ilumina caminos de paz, creatividad y resistencia identitaria. Así, el amor se configura como fuerza dinamizadora del cambio, tanto en la dimensión personal como comunitaria, promoviendo procesos de humanización y justicia social.
En consonancia con el pensamiento de Paulo Coelho: “Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida…”, emerge la necesidad del discernimiento como categoría espiritual y pastoral. Discernir implica releer la historia personal y colectiva con madurez, identificando los signos de los tiempos y proyectando caminos que favorezcan la vida plena y la dignidad humana.
Desde la perspectiva de la multiculturalidad, la Teología de la Calle invita a reconocer los saberes populares, las manifestaciones de fe encarnadas en la vida del pueblo, y las expresiones concretas de solidaridad y amor. En este marco, la alegría cristiana no es superficial ni evasiva, sino que se comprende como amor eficaz, que se traduce en compromiso histórico y en testimonio coherente en medio de las realidades sociales.
Porque la verdadera alegría cristiana se manifiesta en la praxis del amor que libera, construye comunidad y testimonia la presencia de Dios en la historia humana.





















