Por: P. Vicente Aníbal Romero Peña
El 21 de abril, se conmemoró el primer aniversario de la pascua del Papa Francisco. Hacemos memoria agradecida de un pontificado que encarnó, con singular fuerza profética, una espiritualidad pastoral situada en las periferias existenciales. Su presencia carismática, marcada por la alegría evangélica y la cercanía misericordiosa, se constituyó en un referente ético y espiritual para la humanidad contemporánea, especialmente en contextos de vulnerabilidad y crisis.
El magisterio de Francisco se distinguió por una eclesiología de comunión, abierta al diálogo ecuménico e interreligioso, donde la alteridad no es amenaza sino lugar teológico de encuentro. Su insistencia en una Iglesia “en salida” traduce una praxis misionera que reconoce la dignidad irreductible de toda persona, superando lógicas excluyentes. El reiterado “todos, todos, todos” se erige como categoría pastoral que expresa la universalidad de la gracia y la radical inclusión del Reino de Dios.
Desde la perspectiva de la Teología, comprendida como una reflexión teológica encarnada en la cotidianidad y en las luchas del pueblo, evocamos al Papa como signo sacramental de fraternidad. Su visita al Ecuador, particularmente a Guayaquil, Quito y Santuario de El Quinche, constituyó un kairós de gracia que revitalizó la fe del pueblo y fortaleció la esperanza comunitaria.
Su legado puede ser sintetizado en claves teológicas fundamentales:
1. Primacía de la oración como fundamento de toda praxis cristiana.
2. Universalidad del amor de Dios, que excluye toda forma de marginación.
3. Vocación a la fraternidad, siendo mediadores de comunión en un mundo fragmentado.
4. Cultura del diálogo, como expresión de la caridad en la verdad.
5. Longanimidad evangélica, como disposición espiritual que sostiene la esperanza histórica.
Agradecemos su vida como testimonio de una fe encarnada y comprometida. En clave pascual, celebramos no sólo su memoria, sino su participación en el misterio de la resurrección, que continúa dinamizando la historia de la salvación.
21 de abril de 2026: memoria viva de su pascua y permanencia en la misión de la Iglesia.






















