Por: P. Vicente Aníbal Romero Peña
Durante el año 2024 reflexionamos en torno a tres principios fundamentales que otorgan sentido a la existencia humana: el principio de identidad, el principio de enmienda y el principio de la fe. Estos ejes nos ayudaron a releer la vida desde la responsabilidad personal, la conversión continua y la confianza radical en Dios.
En el año 2025 nos propusimos profundizar en dos nuevos principios o propósitos existenciales. En medio de la incertidumbre que atraviesa el Ecuador y el mundo, se vuelve urgente redescubrir el sosiego, entendido como una virtud de la templanza y de la longanimidad. El sosiego no es indiferencia, sino una disposición interior que permite afrontar la adversidad con serenidad, esperanza y madurez espiritual.
La persona sosegada es capaz de gestionar los sentimientos de frustración, tristeza y desolación que inevitablemente acompañan la vida. En este sentido, resuena con fuerza la experiencia mística de san Juan de la Cruz cuando habla de la noche oscura, ese espacio de purificación donde el Amado Cristo se encuentra íntimamente con la persona creyente, transformando el dolor en encuentro y sentido.
El segundo propósito existencial es la contemplación, entendida como la culminación del itinerario espiritual. Se trata de un paso cualitativo: de rezar, orar y meditar, a contemplar. La contemplación es una mirada amorosa y silenciosa sobre Dios presente en la realidad, una experiencia que integra fe, vida y compromiso.
Que estos dos propósitos sosiego y contemplación que iluminen nuestro caminar cotidiano, para convertirnos en buena noticia para los demás, especialmente para quienes viven en la periferia del sufrimiento y la esperanza.
Para el año 2026 proponemos un retorno profundo al camino de la identidad: descubrir, en este momento concreto de la vida, quién soy, qué sentido tiene mi existencia y cuál es la pasión que me impulsa a continuar el viaje de la vida. La identidad no es estática; se vive, se construye y se proyecta en los espacios donde habitamos: la familia, la comunidad, el trabajo y la sociedad.
Jesús nos exhorta a levantar la cabeza, porque nuestra liberación está cerca. Esta palabra nos anima a vivir con dignidad, esperanza y responsabilidad histórica. Continuemos esta tarea de la mano de Dios, junto a la familia, la comunidad y los amigos. Que el 2026 sea un año de utopías soñadas que se convierten en topías, es decir, en realidades posibles y transformadoras.
Que el Dios de la Vida nos bendiga y nos conceda la gracia de ser protagonistas de la verdad, el amor y el perdón.
Desde Machala, lugar tópico para resistir, creer y vivir.





















