Por: P. Vicente Aníbal Romero Peña
En el horizonte eclesial contemporáneo, el pontificado de Papa Francisco marcó un hito significativo al convocar al Pueblo de Dios a la celebración de la canonización de San Óscar Arnulfo Romero, realizada el 14 de octubre de 2018. Este acontecimiento no sólo constituyó un reconocimiento solemne de su santidad, sino también una reafirmación del compromiso de la Iglesia con los pobres, los oprimidos y las víctimas de la injusticia estructural.
En aquel contexto, la Iglesia particular, bajo la guía pastoral de Ángel Polivio Sánchez Loaiza, se unió espiritualmente a este acontecimiento universal, haciendo de la memoria de Romero un signo vivo de comunión eclesial y misión evangelizadora.
En la comunidad eclesial de Santa Elena, en espíritu de sinodalidad y participación activa, se gestó un encuentro misionero que convocó a niños, jóvenes y agentes pastorales, junto con las comunidades eclesiales de base. Este evento, celebrado en el coliseo del colegio La Inmaculada, tuvo como lema “Todos somos hermanos”, expresión que remite directamente a la eclesiología de comunión y a la fraternidad universal inspirada en el Evangelio. En el centro simbólico de esta celebración se encontraba la imagen de San Romero, signo profético que evocaba su entrega radical y su fidelidad al seguimiento de Cristo,
especialmente en la defensa de la dignidad humana.
Al conmemorar cada 24 de marzo el martirio de San Óscar Romero, la Iglesia hace memoria de un testigo de la fe que, configurado con Cristo, entregó su vida como ofrenda pascual. Su asesinato, ocurrido en el contexto de la violencia sociopolítica de El Salvador, se comprende teológicamente como un martirio ¨In odium fidei¨, es decir, ¨Por odio a la fe¨ que se expresa en la defensa profética de la justicia. Su palabra y acción pastoral conservan plena vigencia frente a las realidades contemporáneas marcadas por la guerra, la pobreza estructural y las diversas formas de violencia, incluida la corrupción y la delincuencia organizada.
Romero fue silenciado por promover el diálogo social, la reconciliación y la dignificación de los excluidos, encarnando así la dimensión social del Evangelio.
Asimismo, el reconocimiento de Papa Francisco al declararlo patrono universal de Cáritas Internationalis reafirma su legado como ícono de la caridad cristiana y de la opción preferencial por los pobres.
Desde la Iglesia en Machala, en este 24 de marzo de 2026, se eleva una memoria agradecida que no sólo recuerda su martirio, sino que actualiza su testimonio como llamado permanente a la conversión pastoral, al compromiso social y a la construcción del Reino de Dios en medio de la historia.






















