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¿Dónde quedaron las promesas de empleo? Casi cuatro de cada 10 jóvenes siguen desempleados en Ecuador

A pesar de los anuncios oficiales y programas de vinculación, miles de jóvenes continúan fuera del empleo formal y del sistema de seguridad social.

Con un título universitario, cursos adicionales y hojas de vida enviadas durante meses, Santiago, de 24 años, todavía no consigue un empleo estable. Ha trabajado por días, hizo entregas y aceptó contratos ocasionales, pero ninguno le permitió afiliarse al seguro social ni construir una carrera.

“No quiero vivir de trabajos temporales. Uno estudia pensando que va a tener oportunidades, pero parece que siempre te piden experiencia y nunca te dan la primera oportunidad”, cuenta.

Historias como la suya se repiten en Ecuador mientras el desempleo juvenil continúa siendo uno de los principales problemas económicos y sociales del país.

Cuando Daniel Noboa asumió la Presidencia colocó el empleo joven como uno de los ejes de su discurso económico.

Desde el Gobierno se impulsaron programas de inserción laboral como “Jóvenes en Acción” y se presentó el objetivo de vincular a 160.000 de jóvenes de entre 18 y 29 años mediante el denominado Acuerdo por la Empleabilidad con la plataforma Encuentra Empleo.

La apuesta oficial fue presentada como una vía para abrir oportunidades, especialmente para poblaciones históricamente excluidas. También se defendió una mayor flexibilidad laboral y alianzas con empresas privadas para dinamizar contrataciones.
Sin embargo, los resultados siguen generando cuestionamientos.

Un problema que no se mueve

Las cifras muestran que el problema del empleo juvenil no ha logrado una reducción sostenida.

De acuerdo con las cifras del INEC, en noviembre de 2023 -mes en que inició el actual Gobierno- el indicador se ubicaba en 44,1%.

Un mes después bajó a 38,0% en diciembre, pero durante 2024 volvió a mostrar oscilaciones constantes: alcanzó 47,2% en abril, cayó a 34,6% en julio y cerró diciembre nuevamente en niveles altos, con 50,5%, uno de los picos del período.

En 2025 el comportamiento siguió siendo irregular: descendió hasta 28,7% en mayo, pero volvió a repuntar en meses posteriores terminando en diciembre en 44,5%.

Para febrero y marzo de 2026, el desempleo juvenil se ubicó en 39,6%.

Para el sociólogo Jorge Torres, el desempleo juvenil no solo tiene consecuencias económicas, sino también sociales y generacionales.
Explica que cuando una persona pasa largos períodos sin acceder a empleo formal se retrasa su independencia económica, se pospone la formación de proyectos de vida y aumenta el riesgo de normalizar la precariedad laboral.

“No estamos hablando únicamente de jóvenes sin trabajo; estamos hablando de una generación que entra tarde al sistema productivo, posterga estudios, vivienda y decisiones familiares. En muchos casos esto también incrementa la frustración, el desencanto institucional y la migración como alternativa”, señala.

A su criterio, cuando el mercado laboral no absorbe a los jóvenes, el país pierde capital humano y capacidad de crecimiento futuro.
Mientras que, para el economista Pedro Machado, es imprescindible que el Gobierno reevalúe sus políticas económicas.

“La creación de empleo formal debe ser una prioridad que incluso debería ser vista como una urgencia, especialmente para los jóvenes”.

El economista advierte que el país mantiene una dependencia creciente de actividades informales y remesas, mientras los sectores capaces de absorber mano de obra -como manufactura, construcción y producción exportadora- no logran expandirse al ritmo necesario.

A eso se suma otro elemento: muchos jóvenes sí encuentran ocupaciones, pero fuera del empleo formal.

En términos prácticos, eso significa ingresos inestables, ausencia de seguridad social y menor capacidad de construir patrimonio o acceder a crédito.

“El país necesita aumentar inversión en sectores productivos clave y avanzar hacia reformas estructurales que promuevan competitividad, educación técnica e innovación tecnológica”, señala Machado.

El desafío es que los jóvenes no solo ingresen al mercado laboral, sino que permanezcan en él bajo condiciones estables.

La generación que espera

Para miles de ecuatorianos menores de 30 años, conseguir trabajo dejó de ser únicamente una meta económica y se convirtió en una condición para independizarse, formar una familia o continuar estudiando.
Mientras los anuncios oficiales hablan de oportunidades y acuerdos, en la práctica muchos siguen enviando hojas de vida, encadenando contratos ocasionales o regresando al desempleo tras programas temporales.

Y esa distancia entre el discurso y la realidad es, precisamente, donde hoy se concentra una de las mayores deudas del mercado laboral ecuatoriano.

ITD: https://www.radiopichincha.com/desempleo-juvenil-promesas-noboa/

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