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Teología de la calle: A mis hermanos sacerdotes, reunidos en Loja

Por: P. Vicente Aníbal Romero Peña

Con ocasión del Encuentro Sacerdotal nacional, en la ciudad de Loja, desde el 11 al 14 de mayo del presente, quiero reflexionar con ustedes sobre nuestra vocación.

Hermanos sacerdotes, hemos sido llamados por Jesús de Nazareth a cumplir la misión que Él nos encomendó: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.” (Mc. 16, 15 – 16.)

En un mundo fragmentado por realidades devastadoras como la corrupción en todos los niveles, el abuso de poder, el autoritarismo, la difamación, la pobreza estructural, la minería abusiva; nos levantamos como Iglesia pueblo de Díos para decir junto a nuestros fieles y pastores que esta realidad decadente exige un cambio y una conversión.

Los documentos eclesiales, del magisterio, los llamados de la conferencia episcopal ecuatoriana y los planes pastorales diocesanos nos instan de una manera sensible a no quedarnos quietos ni callados porque seríamos traidores a nuestra vocación de servicio.

La sinodalidad implica caminar juntos en medio de las diversidades. Como iglesia fermento en la actual coyuntura tenemos que ser Esperanza creativa y Kairós iluminador.

El Papa Francisco nos dejó un legado que se puede sintetizar en claves teológicas fundamentales:
1. Primacía de la oración como fundamento de toda praxis cristiana.
2. Universalidad del amor de Dios, que excluye toda forma de marginación.
3. Vocación a la fraternidad, siendo mediadores de comunión en un mundo fragmentado.
4. Cultura del diálogo, como expresión de la caridad en la verdad.
5. Longanimidad evangélica, como disposición espiritual que sostiene la esperanza histórica.

El Papa León XIV continúa con una voz profética contra «los tiranos del mundo», como lo escuchamos en su mensaje en la república del Camerún.

Monseñor Leónidas Proaño Villalba, conocido como el obispo de los indígenas y de los pobres, en uno de sus libros nos dice: “El cristiano, hombre de fe, está llamado a moverse en el ámbito de esa misma fe y bajo la inspiración del Espíritu Santo… El profeta es por consiguiente el hombre que de lo circunstancial de cada día sabe pasar a lo trascendental del futuro. Todo esto porque es un hombre de fe viva, porque se entrega a la oración y a la contemplación, porque ama a Dios y a los hombres apasionadamente.” Y en otra parte añade: “Sueño en la posibilidad de una sociedad nueva”.

Aprovechemos que estamos de Encuentro fraterno para no quedarnos sólo en el momento, sino para fortalecer nuestra caminada junto al pueblo pobre y excluido.

Confiemos en la promesa de Jesucristo: “Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. (Mt. 28, 20).

Que nuestro testimonio sea fermento de una nueva sociedad comunitaria y participativa.

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