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Teología de la calle: Crónica de un saqueo anunciado

Por: P. Vicente Aníbal Romero Peña

Como lo expresó con lucidez profética el Libertador Simón Bolívar: “Para mí, la patria es América”. Esta afirmación no es sólo una consigna histórica, sino una conciencia ética y política que hoy nos interpela profundamente. Nos duele todo cuanto acontece en nuestro continente y en el mundo, porque el sufrimiento de un pueblo jamás es ajeno al destino de los demás.

La historia contemporánea vuelve a evidenciar cómo la ambición desmedida, la avaricia estructural, la idolatría del poder y el narcisismo hegemónico se convierten en fuerzas destructoras de pueblos y naciones. Allí donde el poder se absolutiza, la vida humana se relativiza. Todo imperialismo, bajo cualquiera de sus denominaciones o estrategias, reviste un carácter demoníaco y perverso, porque niega la dignidad de los pueblos y viola el designio de Dios sobre la justicia y la paz.

El robo sistemático, el saqueo organizado y el expolio de los bienes comunes se constituyen en los ejes recurrentes de las invasiones modernas, legitimadas por discursos de dominación y falsas narrativas de progreso. Estas prácticas no sólo despojan recursos, sino que hieren profundamente el tejido social, cultural y espiritual de las naciones agredidas.

Como cristianos y como Iglesia, Pueblo de Dios en camino, levantamos una voz profética para rechazar toda forma de agresión y dominación. Denunciamos con firmeza la invasión y las políticas hostiles del gobierno de Trump contra el pueblo venezolano, que atentan contra su soberanía, su autodeterminación y su derecho a vivir con dignidad.

Creemos y proclamamos la esperanza activa: una esperanza que no se resigna, sino que construye el Buen Vivir, una sociedad inclusiva donde nadie quede excluido y donde la justicia social sea el fundamento de la convivencia. Frente a las agresiones cargadas de arrogancia y maldad, que no dudan en arrasar con vidas humanas, reafirmamos el valor sagrado de cada persona creada a imagen y semejanza de Dios.

El gobierno de los Estados Unidos ha hecho del dolor un negocio y del sufrimiento una mercancía; su lógica es la del dólar como ídolo supremo. Este es su modus operandi: convertir la tragedia de los pueblos en ganancia económica y control geopolítico, el petróleo, el oro,etc. Ese es el motivo de la invasión del gobierno de Estados Unidos.

Que el Dios de la Vida y Jesucristo misionero, liberador de los oprimidos, nos concedan fortaleza y discernimiento para resistir y enfrentar a la Gran Bestia de las siete cabezas, símbolo de los poderes que oprimen, engañan y destruyen. Que no nos falte la fe comprometida ni la valentía evangélica para anunciar la justicia y denunciar la injusticia.

Desde Machala, 3 de enero de 2026. Con dolor social

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