Por: P. Vicente Aníbal Romero Peña
Este 31 de agosto de 2026 la Iglesia en el Ecuador, los pueblos de América Latina y todas las personas comprometidas con la justicia y la dignidad humana conmemoran el quincuagésimo aniversario de la Pascua de Monseñor Leónidas Eduardo Proaño Villalba, el entrañable Obispo del Pueblo, pastor profético cuya vida y ministerio se convirtieron en un signo luminoso del Evangelio encarnado en la historia.
Recordar a Leónidas Proaño no es únicamente hacer memoria de un obispo ejemplar; es actualizar el testimonio de un discípulo de Jesucristo, que hizo de la opción preferencial por los pobres el eje de su acción pastoral.
Su voz jamás permaneció en silencio frente a la opresión, la exclusión o la injusticia. Como los grandes profetas bíblicos, denunció las estructuras de pecado que deshumanizaban a los pueblos indígenas, campesinos y sectores históricamente marginados, anunciando al mismo tiempo la esperanza del Reino de Dios como horizonte de liberación y reconciliación.
Monseñor Proaño abrió un camino profundamente sinodal, mucho antes de que la sinodalidad se convirtiera en uno de los grandes llamados del magisterio contemporáneo. Comprendió que la Iglesia no podía caminar aislada del sufrimiento de los pueblos, sino que debía escuchar, discernir y caminar con ellos. Su ministerio episcopal fue una auténtica pedagogía de comunión, participación y misión, donde la comunidad eclesial se reconocía como sujeto activo de transformación social y espiritual.
Inspirado por el Concilio Vaticano II, particularmente por la eclesiología de Lumen Gentium y la renovación pastoral de Gaudium et Spes, así como por el impulso profético de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín (1968), Proaño sembró en la Iglesia de Riobamba una experiencia pastoral inédita. Desde allí impulsó comunidades eclesiales de base, procesos de alfabetización, formación de líderes indígenas y una espiritualidad profundamente inculturada, donde el Evangelio dialogaba con las culturas originarias y fortalecía la dignidad de los pueblos.
La presencia de Monseñor Leónidas Proaño en el Ecuador fue un verdadero faro eclesial y social. Su compromiso trascendió las fronteras nacionales y proyectó una visión de Iglesia cercana a los pobres, defensora de los derechos humanos y promotora de la justicia, la paz y el bien común. Su legado tejió un compromiso inseparable entre la fe cristiana y la responsabilidad ética, política y comunitaria, demostrando que la evangelización auténtica implica transformar las realidades de exclusión y construir una sociedad fundada en la fraternidad.
Hoy, en medio de la compleja coyuntura ecuatoriana, latinoamericana y global, el pensamiento de Leónidas Proaño conserva una extraordinaria vigencia.
Sus intuiciones pastorales iluminan los desafíos de una humanidad marcada por profundas desigualdades, migraciones, violencia, crisis ecológica y polarización ideológica. Su legado invita a descubrir un nuevo horizonte de esperanza donde la Iglesia sea casa de todos y signo del Reino de Dios en la historia.
Resulta particularmente urgente releer a Proaño frente al fenómeno contemporáneo que algunos analistas denominan cristofascismo: la instrumentalización de la fe cristiana y de los símbolos religiosos para legitimar proyectos de poder, exclusión y dominación. Esta distorsión del Evangelio convierte la religión en un mecanismo de manipulación de las conciencias y contradice el mensaje liberador de Jesucristo.
Ante la utilización política de la religión provenga de sectores de ultraderecha, de ultraizquierda o de cualquier forma de fanatismo ideológico o religioso—, Leónidas Proaño propone un camino radicalmente evangélico: una Iglesia sinodal, ecuménica, dialogante y servidora. Su pensamiento rechaza todo mesianismo político, todo fundamentalismo religioso y toda pretensión de absolutizar ideologías o liderazgos humanos. En cambio, propone una espiritualidad del discernimiento, la misericordia y la construcción comunitaria de la verdad.
Conmemorar los cincuenta años de su retorno a la Casa del Padre es renovar un compromiso con su legado profético. Nos unimos espiritualmente a la Fundación Pueblo Indio, a los pueblos originarios, a los pueblos afroecuatorianos, a las comunidades campesinas y a toda la raza cósmica, expresión de la diversidad y riqueza de nuestros pueblos latinoamericanos, para elevar una palabra de gratitud.
Gracias, Monseñor Leónidas Proaño, por enseñarnos que la fe se hace camino junto al pueblo; por recordarnos que el Evangelio se vive defendiendo la dignidad humana; por mostrarnos que la Iglesia encuentra su verdadero rostro cuando escucha el clamor de los pobres y camina con ellos hacia la esperanza.
Que tu memoria siga inspirando a una Iglesia profética, samaritana y sinodal, capaz de ser luz en medio de las sombras de nuestro tiempo y fermento de una humanidad reconciliada en Cristo, Señor de la historia.
Machala, 31 de agosto de 2026
Tierra de Verde de esperanza y fe.






















